Envío del 12 Aug 2008

El abrigo de visón

¡Se están creyendo que me van a meter gato por liebre! ¡Sólo eso faltaba! Treinta años de lucha, trabajo y constancia no pueden venirse abajo en una noche. Le advertí bien a Conchita que no se alejara mucho durante la recepción del armario donde guardaban los abrigos. Uno nunca sabe lo que puede pasar en estas embajadas tercermundistas. No podíamos arriesgar más de tres años de pagos mensuales a la peletería. ¡Cómo no se me ocurrió que las cleptómanas de la alta sociedad podrían robarse el visón de Conchita y que este embajador de Costa Risa no tendría un seguro para las prendas de vestir! ¡Mira que creer que nos podrían dar otro abrigo!

Fue mi culpa por insistir en que era la ocasión de nuestra vida para lucir el abrigo de visón. No hacía tanto frío esa noche de finales de enero en Madrid. Pero era una recepción en honor del Presidente de la República. No había que excluir que estuviera allí más de un famoso y quizá algún periodista o fotógrafo.  Pero no te afanes, Conchita. Dejamos atrás Caña dulce pa’moler, cuando tenga mi casita y una milpa y buenos bueyes.  Hoy reivindicamos nuestro derecho a vestir y comportarnos como aristócratas citadinos. Ahora ceceo, hablo de tú, hablo con zeta y soy español. Dejé de ser un polo herediano. Tienes que olvidarte de que yo vine con una beca del Instituto de Cultura Hispánica patrocinado por el régimen franquista, destinado a volver. Mi patria es España. Voto por el Partido Popular, que es el de la gente de bien, el de los católicos, el del dinero. Soy el Doctor Benavides, pensionado de una multinacional que compró la empresa española. Tampoco son tus tiempos de empleada de una peletería y tú eres una señora bien vestida que va de compras por la Calle Serrano. No vamos a dejar que nos humillen. No. No queremos otro abrigo. Sólo aceptaremos tu visón.

¡Vaya faena! Mi abrigo de visón. ¿Echarme a morir? Era diseño de Carolina. Idéntico al que llevaba la hermana del Rey en la última edición de Hola. En las otras revistas del corazón nunca había visto ese modelo. Claro, con la poca ropa que se lleva hoy, sobre todo en los círculos de las famosas, sólo las señoras mayores de la más conservadora aristocracia lucen una prenda como esa, ya pasadita de moda. Pero eso es lo que le da gusto a Armando. ¡Vaya aspiraciones! Salir algún día  en una fotografía a todo color en Hola, en Semana o en Siete días, no importa. Cuántas amigas se morirían de envidia. Cuántas llamarían por teléfono para insistir en que son tus amigas. Verse en las mismas páginas de los miembros de la Casa Real, de los nobles y aristócratas, aunque la mayoría sean falsos o no ganen ni para aparentar; en las mismas páginas de las que se casan dos, tres, cuatro y hasta cinco veces, con joyas y circo, pero sin amor, sin compañía. La boda. ¡Vaya! ¿Quién la toma en serio? Las revistas de las artistas de los escándalos o de las que venden las fotos exclusivas de las intimidades familiares, incluyendo los muertos o los niños menores. ¡Salir en las revistas del corazón! Las páginas de las modelos de belleza y presentadoras de televisión, con más huesos que cuerpo y, sobre todo, las de las putas famosas. Ser puta hoy ya no es escandaloso ni reprobable ni infamante. Menos si sales en Hola o en Interview, desnuda. Sólo siguen siendo condenadas las pobres, las africanas, rumanas, sudamericanas o filipinas, las que cobran barato porque sus clientes no pueden pagar mucho y atienden por cientos en la calzada de la Casa de Campo y en el Paseo de la Castellana. Esas no salen en las revistas. Hay que ver las que ponen en las portadas. ¿Envidia? No lo sé. Como dice Armando, hoy aquí todo depende del dinero o del poder. Se puede prescindir del poder, pero no del dinero. Por lo menos hay que aparentar tenerlo. De lo contrario pasas a engrosar la masa de las sudacas que vienen a trabajar en el servicio doméstico. Siempre sospechosas de ser delincuentes, ladronas, vagabundas o sucias. En vez de publicidad reciben malos tratos, humillaciones, salarios de hambre y descalificaciones racistas. Ni comprando en El Corte Inglés logran el reconocimiento los nuevos conquistadores. Un abrigo de visón hace la diferencia.


Envío del 21 Jul 2008

Descifradores de patrañas: un elogio de la lectura

Hay que entrar en la lengua materna como en un mundo maravilloso, en una región de encantamiento. Con esta afirmación, Carmen Lyra y Carlos Luis Sáenz reclamaban una educación basada en elementos artísticos, que maduraran en el joven tanto los aspectos mentales como los emocionales.

La lengua la deben presentar los creadores, decían, y la gramática se debe aprender “como comprensión del sentido que ella tiene dentro del estudio de lógica viva, más que de reglas”. Y agregaban que la literatura y la gramática desarrollan el pensamiento, lo que se traduce en actividad innovadora, en acción sobre el mundo1. 


Envío del 11 May 2008

La telaraña del amor


22 de enero de 1997


Al traspasar la gruesa puerta de madera del nightclub, sintió que unas enormes fauces, de profunda oscuridad opaca y largas como un esófago vacío, se la tragaban.

Tuvo miedo. Quiso detenerse y resistir. Intentó apoyarse en uno de los guardianes del local, pero éste no sólo le negó el brazo, sino que la empujó hasta la mitad de la calle. Ya no brillaban las luces de fantasía que venden ilusiones. Un callejón protegido por altos y viejos edificios trazaba la única vía de salida. En la franja de cielo que se abría por arriba no se percibía ningún reflejo de claridad, no se veía ninguna estrella. Más bien, negros nubarrones anunciaban la lluvia que caería con el inminente despertar del alba.

Detrás de aquella puerta había dejado sus rutilantes afeites. Su tocado de lucero nocturno estaba ahora sin brillo y sin seda. Sus perfumes embriagadores se habían apagado. Sólo quedaba ella en medio de la calle, marchita, el cuerpo adolorido, los pies inflamados, los párpados caídos, el alma humillada, la autoestima derrotada, la moral desvanecida.