Envío del 05 Jan 2009
Monseñor
Javier Solís
Monseñor… Monseñor… Título dulce, sonoro. Ojalá lo dijéramos siempre en francés, monseigneur, con su on nasal de la primera sílaba, mimoso e intimista, como susurrado al oído; la e abierta de la ei que suena a poder, a reconocimiento, a autoridad, a aristocracia; y su eu final cavernosa, alargada, que obliga a abrir la boca y a estirar los labios hacia adelante, solazándose en la lisonja, obsecuente, servil. Título del poder que nos dio el Espíritu Santo. Apacienta mis ovejas. Sé su pastor.