La mujer en la encrucijada


Javier Solís

A Estados Unidos le debemos la invención de la electricidad, la deslumbrante comunicación por Internet, la revolución liberal y unos medios de información hasta no hace mucho independientes del poder político y económico. Pero no le vamos a deber por mucho tiempo a una mujer como gobernante de ese país. Ni siquiera en la retaguardia de la vicepresidencia. Las mujeres seguirán siendo, como esposas del presidente, la flor de palacio.

Ya hace 24 años hubo un primer intento de colocar a una mujer en la vicepresidencia. Fue Geraldine Ferraro, con Walter Mondale, en 1984. Los ilusos que veíamos crecer con pasos de gigante el feminismo creímos que era una carta ganadora. Rotundo fracaso.

Después vimos estupefactos a Hillary Rodham Clinton humillada ante el mundo entero como esposa del Presidente de los Estados Unidos por la conducta lasciva y fornicaria de éste. No pasó nada. El poder económico de facto logró vencer el moralismo fundamentalista de los republicanos y no hubo ni una sanción. Más bien, la becaria protagonista de las felaciones en el Salón Oval se convirtió en millonaria.

¿Habrán influido esos hechos en el fiasco reciente de la candidatura de la señora Clinton? En todo caso, sus aspiraciones por ser ella la primera mujer presidenta de los Estados Unidos parecen haber caído en un hueco negro, sine die. La mayoría de los electores demócratas la encontró demasiado amante y cercana del poder, del poder de los que mandan ahora; del poder de las grandes compañías transnacionales usamericanas; del poder que ha estado en la Casa Blanca, el que desata guerras y manda a la juventud a morir por las ganancias de esas compañías, especialmente las petroleras. Iba a ser una mujer con poder, pero el poder de siempre. No habría ningún cambio en el ejercicio del poder. Iba a ser el mismo poder de cualquier hombre. Iba a ser un mandatario demócrata que haría lo mismo que un republicano.

Ahora aparece Sarah Palin de candidata a vicepresidente del Partido Republicano. Esa es la mujer usamericana que va a participar en política ahora, en el segundo puesto de elección popular. La prensa tradicional, las revistas del corazón y el periodismo ciudadano, de nuevo cuño, representado por los bloggeros coinciden en su perfil: antigua “miss” de belleza; madre de cinco hijos, entre los cuales un soldado en Irak, una adolescente embarazada y un bebé con Síndrome de Down; gobernadora de Alaska, última frontera salvaje de Norteamérica; aficionada al hockey, deporte fuerte parecido al fútbol peor en el que la bola se golpea con un palo; miembro de la National Rifle Association; aficionada a la caza; “sabe despellejar a un reno”; y ella misma se presentó como “un pitbull con los labios pintados”.

Según informó la revista The Nation, miembrtos del Council for National Policy se reunieron la semana anterior a la Convención en un hotel de Minneapolis para examinar e impulsar la candidatura a vicepresidente de Sarah Palin. El Council for National Policy  es una organización cuasisecreta que agrupa a millonarios republicanos, contribuyentes generosos del partido, muy influyentes, por supuesto.

La maniobra de los fundamentalistas religiosos republicanos de colocar al lado de McCain a una mujer tradicionalista, pretende no sólo atraer los votos de los y sobre todo las hillaristas, feministas románticas o no; sino también asegurarse  la defensa de algunas tesis políticas conservadoras en las que McCain no parece tan lapidario y algunos de sus más cercanos allegados tampoco.

Los objetivos, claro, no eran precisamente la incorporación de una mujer en el más alto nivel del poder político y económico usamericano ni el reconocimiento de su solvencia y capacidad gobierno.  Eran mucho más vulgares y detestables que eso: simplemente la utilización, como un objeto, de la señora Palin. Exhibirla, -no muy lejos de un concurso de belleza o de una página pornográfica-, frente al electorado de Clinton y, peor aún, asegurarse sus tesis fundamentalistas, gerreristas, mágicas y retrógradas. Sólo tiene que aparecer. En gobernar ya pensarían ellos.

No sabemos si en el clónclave de Minneapolis se supo del embarazo prematuro de su hija. Si así fuera, poco les importó sacrificar la privacidad, la paz familiar y el equilibrio de su vida personal y afectiva de ella y de su hija. De lo que sí podemos estar seguros es de que esos señores patriarcas, del Council for National Policy, -porque con esas reglas de conducta y con esa mentalidad, es muy difícil que haya alguna mujer en su seno- no serán los últimos en levantar el dedo acusador y condenatorio contra la joven madre. La casarán de velo y corona, pero le pasarán la factura por el resto de su vida.

Esa será también la conducta del gran electorado usamericano. McCain no ganará porque la hija de su vicepresidenta tuvo relaciones sexuales a los 17 años, quedó encinta y su maternidad es una vergüenza para ellos. Eso es un pecado. Dios lo condena, según su mentalidad. Ella es una nueva bruja de Salem a la que hay que quemar. No es cuestión de preguntarse por el sistema educativo y mucho menos por la educación sexual y afectiva ni por el modelo familiar impuesto a esa “sociedad libre, de oportunidades y del consumo”. No.
 
La campaña presidencial usamericana ha encendido al rojo vivo la condición de la mujer, genéricamente hablando, es decir, de todas las mujeres, en su relación con el poder.
Pero no ha llegado la hora del verdadero cambio en los Estados Unidos. Las mujeres siguen fuera de la esfera de la toma de decisiones de poder. Siguen siendo de segunda, instrumentalizadas por el patriarcado.



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Publicado: 08 Sep 2008
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